miércoles, 10 de marzo de 2010

Los que sufren de asma tienen más probabilidades de estar deprimidos

Un estudio encuentra que los índices de angustia psicológica se duplican entre los que padecen la enfermedad de las vías respiratorias


Fuente: Healthday

Por Serena Gordon

El asma podría afectar más que la capacidad de respirar. También podría hacer que la persona sea más propensa a desarrollar problemas psicológicos, según sugiere una investigación reciente.

Las personas que padecen asma tienen más del doble de probabilidades de sufrir depresión o ansiedad que las que no tienen la enfermedad de las vías respiratorias, según un informe que aparece en la edición de marzo de la revista Chest.

Para empeorar las cosas, los autores del estudio encontraron que cuando los índices de angustia psicológica grave aumentaban, las puntuaciones de calidad de vida relacionada con la salud se reducían.

"La prevalencia de angustia psicológica grave fue 2.5 veces más alta entre adultos asmáticos. A medida que dicha angustia aumentaba, la calidad de vida relacionada con la salud disminuía. Entonces, el asma empeora la calidad de vida. La angustia psicológica tiene el mismo efecto. En conjunto, empeoran aún más la calidad de vida, de forma sinérgica", advirtió el Dr. David Callahan, autor principal del estudio, y epidemiólogo médico de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. y del Servicio de Salud Pública de EE. UU. en Atlanta.

Emeka Oraka, autor del estudio, dijo que estos hallazgos podrían tener validez para otras enfermedades crónicas, como la diabetes, y que la angustia psicológica grave podría dificultar que las personas gestionen estas dolencias de forma adecuada.

"Cualquier tipo de angustia mental perjudica la capacidad para manejar bien la enfermedad, ya sea asma, diabetes u otra", apuntó Oraka, becario del Instituto Oak Ridge de Ciencias y Educación en los CDC.

Oraka señaló que los hallazgos deben servir de advertencia para los profesionales clínicos. "La angustia psicológica grave es un potente factor de predicción de la calidad de vida, e incluso más ante la presencia de enfermedad crónica", aseguró. "No hay que descartar la importancia de la salud mental en la calidad de vida de los pacientes de dolencias crónicas".

Para el estudio, los investigadores revisaron datos de 186,738 adultos que habían participado en la Encuesta Nacional de Salud de EE. UU. entre 2001 y 2007. A partir de esta base de datos, descubrieron que el índice de asma era de siete por ciento.

Entre todos los participantes del estudio, la prevalencia de angustia psicológica grave era de tres por ciento, pero entre los pacientes de asma, el índice de ese tipo de angustia fue de 7.5 por ciento, encontraron los investigadores.

Los adultos asmáticos que sufrían otras dolencias crónicas, tenían antecedentes de tabaquismo o uso de alcohol, y los que provenían de un estrato socioeconómico más bajo, tenían un mayor riesgo de padecer de angustia psicológica grave, según el estudio.

Oraka comentó que el estudio no pudo distinguir si el asma es una causa de angustia psicológica grave o si los medicamentos para el asma tal vez aumenten las probabilidades de esa angustia, o si las personas que sufren de angustia psicológica grave quizás sean más propensas a sufrir asma o a informar sufrirlo.

"Este estudio encontró una relación de asociación, no causal", enfatizó Oraka.

La Dra. Jennifer Appleyard, jefa de alergia e inmunología del Hospital y Centro Médico St. John en Detroit, apuntó que es problemático ver que "la prevalencia de ansiedad o angustia mental es más alta de lo normal en los asmáticos, y esto es algo que tenemos que buscar, intentar prevenir y abordar".

Aseguró que sin duda alguna el tema amerita más estudios, y que le gustaría ver una investigación que evalúe el asma de forma más objetiva. En el estudio actual, el asma fue identificado por los participantes del estudio, a quienes se preguntó si un médico les había dicho en algún momento que sufrían de asma, y si todavía tenían la enfermedad.

Pero "incluso si se tiene asma leve, sin duda se trata de un diagnóstico que provoca ansiedad", añadió Appleyard.

"Al igual que con cualquier otra enfermedad crónica, los pacientes tienen que gestionar el asma con cuidado, y la angustia psicológica grave puede impedir a la gente gestionar su propio asma", explicó Callahan. "Los profesionales clínicos deben preguntar a las personas asmáticas sobre los síntomas psicológicos, y tienen que tratar tanto la angustia psicológica como el asma".

Más información

Para más información sobre el asma y la depresión, visite la Academia Estadounidense de Alergia, Asma e Inmunología.



FUENTES: David Callahan, M.D., medical epidemiologist, U.S. Centers for Disease Control and Prevention, captain, U.S. Public Health Service, Atlanta; Emeka Oraka, Oak Ridge Institute for Science and Education fellow, U.S. Centers for Disease Control and Prevention, Atlanta; Jennifer Appleyard, M.D., chief, allergy and immunology, St. John Hospital and Medical Center, Detroit; March 2010, Chest

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